Llega el mes de enero y todo son buenos propósitos personales: cuidarnos más, dedicar más tiempo a uno mismo, hacer deporte, dieta…Parece como si todos quisiéramos hacer reset.  Pero, ¿te has parado a pensar cómo podéis recomenzar como familia?

Una buena idea es programar este Family Reset juntos. Un calendario con actividades para toda la familia que os ayude a reconectar y a pasar más tiempo juntos. Ver qué planes pueden hacerse entre todos, fomentará la confianza mutua entre los miembros de la familia, además de la iniciativa personal.

Te damos cinco ideas para que hagas tu propio Family Reset:

1.Pasa más tiempo juntos: Un  plan familiar a la semana, o cada quince días. En el que no haya nada más que hacer, sino pasear juntos, un juego de mesa, una visita al campo, un paseo turístico por la ciudad, una excursión, practicar algún deporte. Cada familia verá cuál es el plan que más se adapta a sus circunstancias.

Una de las actividades estrella que podemos hacer todo juntos son las cenas en familia. Por el ritmo de vida actual, lo más común en los hogares de hoy día es qe no se reúnan todos los miembros de la familia a mediodía, a la hora de la comida. Por esta razón, una buena idea para mantener a la familia unida es cenar todos juntos.

Si nos reunimos todos a la mesa, podremos contar lo que nos ha pasado en el día, y compartir juntos nuestras vivencias y preocupaciones, o aquello que nos ha alegrado.

La tendencia más práctica, cuando los niños son pequeños, es establecer distintos turnos de cena, y los padres, un poco más tarde, cuando los pequeños están acostados. O, cuando son más mayores, cenar en bandejas viendo la tele. Si desde pequeños acostumbramos a nuestros hijos a tener ese tiempo en familia, después, cuando ya sean más mayores o de adolescentes, no les costará ni verán raro cenar juntos todos los días y reunirse alrededor de la mesa.

Si acostumbramos a nuestros hijos a cenar viendo la tele, por ejemplo, en su cuarto de juegos, de una manera inocente y sin darnos cuenta, estarán  volviéndose más individualistas. De otra forma, si nos reunimos todos a la mesa, podremos contar lo que nos ha pasado en el día, y compartir juntos nuestras vivencias y preocupaciones, o aquello que nos ha alegrado.

También es un momento para servir a los demás. Poner la mesa, llenar el vaso de agua de un hermano… Otra idea es poner pequeños encargos en la mesa: rellenar la jarra de agua, cortar el pan, recoger los platos, servir el postre, bendecir la mesa, etc.

2. Deja a un lado el móvil en ciertos momentos de familia hará que seamos más auténticos, aprendamos a mirar a los ojos y a humanizar nuestro día a día. Tener horarios y normas establecidas en este área nos ayudará como padres y a educar a nuestros hijos en el uso de las nuevas tecnologías.  De esta manera, nuestros hijos aprenderán que lo normal no es tener la vista pegada al móvil en todo momento y que existen tiempos y momentos para cada cosa

3. Agradece más. Como dice el refrán, “es de bien nacido ser agradecido”. Enseñemos a nuestros hijos que no todo les tiene que venir dado. Que sepan decir  “gracias” a las personas que tienen a su alrededor. Al panadero, que nos trae la barra de pan a casa, cuando piden agua en un bar, al camarero que nos trae las bebidas, a los hermanos que le ayudan en una tarea determinada, a papá o a mamá, por la comida tan rica que le han preparado. Hay muchos motivos para agradecer diariamente. Qué bonito transmitir a nuestros hijos el valor del agradecimiento. Y en primer lugar con nuestro ejemplo como padres. Dando las gracias a nuestros hijos por un encargo bien hecho, por recoger sus juguetes, por preparar su mochila, por “entretener” con juegos al hermano pequeño. Pensemos en nuestra familia motivos para agradecer.

Enseñemos a nuestros hijos que no todo les tiene que venir dado. Que sepan decir  “gracias” a las personas que tienen a su alrededor

4. Escucha más. Este podría ser el propósito de cualquier persona, pero podemos trasladarlo al ámbito familiar. Tanto de los padres a los hijos, como de hijos a padres, entre hermanos, y entre los propios cónyuges. Dejemos hablar al otro. Sin interrupciones y sin querer imponer nuestro criterio. Si nuestros hijos ven esto reflejado en sus padres, serán personas generosas y aprenderán a escuchar a los demás con paciencia y cariño.

5. Grita menos.  A veces, el estrés y el exceso de trabajo y tareas en el hogar puede hacer que perdamos los nervios. Y más cuando nuestros hijos son pequeños, tienen rabietas, o cuando son más mayores y rebaten lo que les decimos en todo momento. O cuando discuten y se pelean a la primera de cambio. Pensemos técnicas que nos hagan no perder la paciencia y respirar hondo antes de gritar. En algunos momentos, tendremos que “separar” a los hermanos en estancias distintas para que reflexionen y la situación no vaya a peor. O decir con calma lo que haya que decir. A veces no es el volumen de nuestra voz lo que impresiona o impacta a nuestros hijos. Es el contenido de nuestras palabras. La manera de dirigirnos a ellos. Pensemos cómo podemos hacerlo mejor en este campo y cómo podemos darles ejemplo, para su autocontrol presente y futuro. Y para el nuestro.

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