Nunca sonrías a un mono

Los álbumes de conocimientos del norteamericano Steve Jenkins (1952-) destacan por su composición, por su elegancia visual, y, sobre todo, porque las ilustraciones están construidas de manera que sus texturas y colorido intentan reproducir aquello que representan y conseguir unos llamativos efectos como de relieve.

Nunca sonrías a un mono tiene, como subtítulo, «y otras 17 cosas importantes a recordar», entre las que, por ejemplo, se nos dice que «nunca te enfrentes a un canguro», pues te puede hundir el pecho de un golpe, o que «nunca acoses a un hipopótamo», que es un animal agresivo cuando se enfada… Algo menos lejos, sin embargo, puede pillar a otros lectores el consejo a doble página —tan contrario a los buenismos habituales en las historias infantiles, y este es un mérito que hoy conviene destacar—, de que «nunca acaricies a un osezno» («los oseznos son suaves y graciosos y dan ganas de acercarse a ellos, incluso, insensatamente, tratar de acariciarlos. No es una buena idea, porque la madre siempre está cerca»).