Artículo publicado originalmente en Aleteia (English)


Los santos son amigos de Dios que brillan en su paso por la tierra. Entre ellos tienen un gran denominador común – su amor por Dios manifestado en la oración, buenas obras y amor al prójimo, pero no debería sorprender que tengan también semejanzas al compartir ciertos atributos, y en el numerador encontremos también elementos comunes. John Henry Newman (1801-1890), próximo santo de la iglesia católica, nació en Londres casi 100 años antes de Josemaría Escrivá (1902-1975), nacido en Barbastro, España. Aquel fue inglés hasta los más pequeños detalles, éste fue español hasta los tuétanos. ¿Qué tuvieron pues en común?

Newman murió tan solo a 12 años del nacimiento de Escrivá. Ambos fueron educados en familias bien constituidas de clase económica social medio-alta. El padre de Newman fue un banquero y el de Escrivá copropietario de una tienda de tejidos. Ambos padres experimentaron reveses económicos y dificultades que contribuyeron a sus fallecimientos inesperados. Ambos habían recibido de sus padres ejemplo de trabajo esforzado, responsabilidad y otras virtudes, y con la perdida de sus padres, ambos se convirtieron en las respectivas cabezas de sus hogares.

De niños ambos observaron la práctica religiosa y la piedad en sus hogares. En el caso de Escrivá su padre era un hombre plenamente religioso mientras que el padre de Newman respetaba y observaba las prácticas religiosas. Ambos padres querían que los hijos prosiguieran carreras civiles, pero aceptaron los deseos de sus hijos de ser clérigos, y José Escrivá ayudó a su hijo en sus planes. Newman aprendió la piedad en particular de su abuela paterna y una tía mientras que Escrivá de ambos padres.

Sobre estas bases de virtud y fe religiosa ambos jóvenes cursaron bien sus estudios, el primero en Oxford y el último en el seminario de san Carlos de Zaragoza. Newman estudió los clásicos del Griego y Latin. Escrivá en cambio estudió los clásicos de la literatura Hispana. El primero fue tutor en Oriel College y el otro supervisor de seminaristas en san Carlos. Siendo jóvenes ambos sintieron el deseo de crecer en su amor a Dios por medio de la oración. Josemaría pasaba muchas horas de noche orando a solas delante del Sagrario en la capilla del seminario.

Sus respectivos afán de santidad cristiana los llevó, a uno a la ordenación de clérigo anglicano, y al otro de sacerdote católico (una vez católico, Newman también sería ordenado sacerdote católico). En la predicación ambos pusieron énfasis en la búsqueda de la santidad personal mediante la oración y la práctica de las virtudes. Ambos bebieron abundantemente de las Escrituras y de los Padres de la Iglesia y hablaron de la acción del Espíritu Santo en el alma. Las compilaciones de sus homilías han sido inspiración para numerosas personas.

Como pastores de almas ambos santos brindaron dirección espiritual al a muchos individuos que buscaban su ayuda, sea en persona o por escrito. Ayudaron a estas personas a descubrir sus vocaciones y a vivirlas en el mundo o en la vida religiosa. Una característica de sus vidas espirituales fue la pasión por la verdad con el correspondiente amor por la libertad. Esto se manifestaba en la orientación que brindaban a personas, a quienes animaban a actuar con un sano espíritu de libertad.

Tanto Newman como Escrivá entendieron la llamada universal a la santidad de hombres y mujeres. La enseñaron repetidamente antes de que fuese común escuchar esta verdad, propagada años después por la constitución Lumen Gentium del Vaticano Segundo. Explicaron la necesidad que tienen los laicos de una sólida formación doctrinal y espiritual para vivir la fe en la vida social y para edificar el Cuerpo de Cristo. Ambos santos ayudaron a hombres y mujeres de todos los ambientes a responder al llamado de Dios y a crecer en santidad.

Ambos eran educadores, cada uno detrás de la fundación de una universidad. En el caso de Newman fue la Universidad Católica de Irlanda y en el caso de Escrivá la Universidad de Navarra. Newman escribió sobre la educación universitaria en su célebre Idea de una Universidad. Los escritos de Escrivá sobre el tema (discursos al conferir doctorados honoris causa) – aunque poco conocidos – son una fuente rica de inspiración. Ambos hombres estuvieron directamente involucrados en la educación de alumnos más jóvenes y Escrivá fue responsable por la fundación de muchos colegios elementales y de bachillerato. Además inspiró el establecimiento de casi una decena de universidades.

Newman y Escrivá escribieron mucho, aunque el primero dejó muchos más volúmenes de ensayos, sermones y cartas que han contribuido a muchos campos distintos de la teología, por ejemplo, la teología fundamental y la eclesiología. Es interesante notar que cada uno escribió un corto libro de devoción a la Virgen María y varios sermones acerca de la Madre de Dios. Además de su amor por María, ambos tuvieron devoción a sus ángeles custodios. Newman incluso escribió un largo poema en el cual uno de los protagonistas es su ángel custodio.

Como es común entre los santos, Newman y Escrivá aceptaron sus sufrimientos personales a semejanza de Cristo. Aunque sufrieron de modos diversos compartieron un tipo de sufrimiento. Fueron el objeto de los celos y malentendidos de otros católicos hasta el punto de ser denunciados a la Santa Sede por presuntos errores doctrinales.

Una última característica evidente en la vida de esto dos grandes hombres fue su gran capacidad de amistad a lo largo de sus vidas. Ambos hombres forjaron y nutrieron muchas amistades encontrando enriquecimiento en estos lazos cristocéntricos. Entendieron la importancia y necesidad de la amistad como un gran bien en sí mismo y como medio para el apostolado.

Tanto Newman como Escrivá nos enseñan acerca de la amistad con otros y sobre todo de la amistad con Dios por medio de Cristo – la gran amistad que nos sostiene a lo largo de nuestra vida aquí en la tierra en nuestro caminar hacia el banquete celestial donde gozaremos en la compañía de Cristo y de todos sus santos. Por tanto, estos santos, un inglés y un español con un numerador a primera vista tan distinto tenían mucho más en común de lo que podría parecer.

El Papa Francisco declarará a Newman santo en una misa de canonización en Roma el domingo 13 de octubre, 2019.


Juan R. Vélez, sacerdote de la Prelatura del Opus Dei, es autor de Cardenal Newman, un santo para nuestro tiempo, Ediciones Logos (2019).