La educación de la paciencia en niños y adolescentes

En la sociedad de la inmediatez y las prisas, en la que prima la cultura de lo visual y en la que se espera sacar provecho y resultados de todo al instante, es difícil educar en la paciencia. Estamos acostumbrados a recibir sin esperas ni esfuerzos y a un solo clic. En este artículo repasamos algunas claves para educar a nuestros hijos en la virtud de la paciencia.

Se suele decir que los hijos a veces, “nos hacen perder la paciencia”, pero no sólo esta virtud es aplicable a los padres. También a los hijos, que desde pequeños y teniendo en cuenta la edad,  deben ejercitarla, siempre con la ayuda de sus mayores. Según las edades y personalidad de nuestros hijos, trazaremos un plan para trabajar esta virtud, tan importante en sus vidas y en su futuro personal y profesional.

La paciencia en niños pequeños

En edades tempranas y hasta los 10 años aproximadamente, se trata de exigir a los hijos con confianza y serenidad, intentando no resolver los problemas con premios o castigos exagerados, y mostrándoles satisfacción cuando hayan hecho un esfuerzo por dominarse.

Para cultivar la paciencia en los más pequeños, los padres debemos pensar qué tipos de actividades pueden ejercitar la paciencia en nuestros hijos. Serán actividades agradables y que no tengan un resultado inmediato, a la vez que conllevan un esfuerzo, o  el hecho de soportar pequeñas dificultades. Pueden ser deportes como la pesca, alguna manualidad concreta que requiera tiempos de secado o técnicas con las que haya que esperar períodos de tiempo, juegos de mesa para toda la familia, el ajedrez…En otros casos la paciencia la podremos ejercitar con el cuidado de una mascota. Además de fortalecer el valor de la responsabilidad, aprenderán a ser pacientes, cuidando de su mascota y dándole lo que requiere en cada momento. Conociendo a nuestros hijos sabremos qué tipo de actividad les va en cada caso.

Los hijos mayores

A  partir de los 10 años es la edad más adecuada para insistir en la virtud de la paciencia. A esta edad los hijos pueden reconocer mejor el sentido de los esfuerzos que les sugerimos o que les exigimos.  Se trata de que los padres, a través del cariño y el razonamiento, hagan ver al niño la conveniencia de dominar su tristeza o su impaciencia, con actividades gratas que también necesitan de la paciencia, como aprender a tocar algún instrumento, aprender un  idioma, iniciarse en un deporte concreto, etc. Como padres, debemos acompañar a nuestros hijos en el descubrimiento de nuevos hobbies, y en la medida de lo posible, intentar que alguno de ellos les haga crecer en esta virtud.

El ejemplo de los padres, la mejor de las escuelas

En lo que se refiere a la comprensión, los hijos sí deben notar esa paciencia de los padres. Sobre todos los mayores, que serán más conscientes de esto. Los hijos necesitan ver que sus padres están dispuestos a escucharles. Cada hijo necesita una atención diferente, con más o menos afecto, más o menos tiempo o exigencia.  Pero todos necesitan ser comprendidos por igual. De este modo, los hijos verán en sus padres el ejemplo de ejercitar la paciencia, con ellos mismos en primer lugar, como medio para llegar a la comprensión de los demás.

El ambiente necesario para desarrollar esta virtud en los niños, tanto pequeños como mayores,  dependerá de la seguridad afectiva que les rodea, sobre todo en el hogar. La paz interior que necesitan será el resultado  de la exigencia comprensiva y del cariño manifestado por sus padres. Es vital para todos ser aceptado por las personas que admiramos, y más para los niños. De esta forma, los pequeños podrán comprender que es bueno aceptar algunas contrariedades y dificultades, y que vale la pena esperar.

4 RAZONES PARA EDUCAR EN LA PACIENCIA

Serenidad. La virtud de la paciencia nos hará considerar los sucesos con serenidad, evitando el activismo, con el fin de reflexionar lo que es importante en cada momento.

Comprensión. De personas pacientes, nacerá un deseo de comprender a los demás, para ayudarles de la mejor manera posible. Hace falta comprender a los demás, aunque no se vean los resultados positivos en ellos en un primer momento. Y esto se consigue gracias a la paciencia.

Fortaleza. Para la llegada de las cosas buenas y para superar las dificultades, no hay más remedio que pasar molestias, dolor, sufrimientos. Esto hará personas recias y fuertes, que aceptan este sufrimiento con serenidad.

Optimismo. La persona paciente sabe esperar y sobrellevar las situaciones con calma, manteniendo una actitud alegre.

Para saber más: La educación de las virtudes humanas. David Isaac, ed. Eunsa.

El valor del esfuerzo

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